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Martes, 27 de Octubre del 2015
El mensaje de hoy es de Bob, que era un pródigo que regresó a casa y se volvió a casar a mí por otros 23 años antes de que el Señor se lo llevó al cielo. Bob escribió 19 libros desde la perspectiva del pródigo durante más de dos décadas después de nuestro divorcio y segundas nupcias. – Charlyne

TERAPIA DEL STANDER
 
Confía en el Señor con todo tu corazón y no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y el te mostrará cual camino tomar. No te dejes impresionar por tu propia sabiduría. En cambio, teme al Señor y aléjate del mal. Entonces dará salud a tu cuerpo y fortaleza a tus huesos. Proverbios 3:5-8
 
“¿Por qué no veo nada ocurriendo en mi matrimonio? Yo leí todos los testimonios que pude encontrar acerca de restauración de matrimonios, pero nada nunca cambia para mi.” ¿Describe esto tus pensamientos? Si es así, quizás es tiempo de comenzar tu terapia del stander; un programa en el cual tu vas a tomar parte activa. Dios me ha dado una ilustración comparando la terapia física con la terapia del stander que cada hombre y mujer orando por un matrimonio sanado debería de seguir.
 
 Yo he compartido previamente acerca de dos derrames que me dejaron paralizado mi cuerpo del lado izquierdo completo. (Pero cada vez esto fue solo temporal hasta que Dios se movió.) Yo no podía siquiera mover el dedo del pie, a pesar de lo duro que tratara. Después de mucho trabajo y negociando con las compañías de seguros de parte de Charlyne, yo fui transferido a una unidad de terapia física de rehabilitación. Yo asistía a sesiones de terapia por cuatro o cinco horas al día. Terapias físicas trabajaban en mi pierna. Terapistas Ocupacionales hacían lo mismo por mi brazo. Un terapista del habla trabajaba en mi memoria y en mi habla confusa.
 
Si tu alguna vez has ido a terapia física, tu sabes que tu terapista físico puede ser tu mejor amigo y tu peor enemigo convertido en una sola persona. Ellos te dan ánimo, pero también te dan corrección.
 
Otra verdad acerca de la terapia física es que nadie se recupera sólo al leer historias exitosas de otros. Tu pudieras leer mi historia, sobre mi exitosa terapia física, aprendiendo a caminar de nuevo por segunda vez, pero si tu estuvieras paralizado, mi testimonio haría muy poco excepto que animarte. Sería necesario para ti hacer los ejercicios una y otra vez, día tras día, hora tras hora, más a menudo sin nadie a tu alrededor, hasta que estuvieras caminando.
 
Después de mis sesiones de terapia física, yo sería conducido a mi habitación del hospital, con hojas de instrucciones a mi lado. Estos eran  los ejercicios que yo tenía que hacer, por mi mismo hasta la próxima vez que yo viera al terapista.
 
Yo pienso que sería bueno comparar tus devocionales diarios de
A Charlyne Le Importa con aquellas hojas de ejercicios. No es la intención de mi esposa  vivir tu vida para ti; sino darte las instrucciones espirituales que van a permitirte tener una relación personal con Jesús, y entonces aprender (al hacer) cómo escuchar de El y depender de El para tus respuestas día a día.
 
Después de cinco días de rehabilitación, nosotros no estábamos viendo resultados. El Sábado en la mañana, un fisioterapeuta optimista y un asistente entraron en mi habitación. Yo sabía por las cintas que traían que íbamos a alguna parte. “Vamos a levantarte Bob,” anunció. “Te estamos llevando al gimnasio. Es hora de ir de compras.”
 
El gimnasio de fisioterapia del hospital se encuentra en el segundo piso. El sol de un día brillante de la primavera de la Florida se transmitía por las enormes ventanas. La belleza sólo me recordó lo que me iba a estar perdiendo por el resto de mi vida. Yo no podía caminar. Yo no podía usar mi brazo ni mi mano. No podía hablar claramente. Mi memoria estaba dañada.
 
Randy condujo mi silla de ruedas hacia el dispositivo de terapia física más útil que jamás yo haya utilizado: un viejo carro de compras. “Vamos a tener que enseñarte cómo usar un carrito de supermercado, porque parece que te gusta comer,” dijo bromeando. Mi equilibrio se había visto afectado y tenia mucho miedo de caerme. De alguna manera, la manera de Randy me aseguraba que yo iba a estar a salvo, aunque el fuera un pie más bajito que yo.
Con un terapista agarrando el frente del carrito, otros dos ayudándome a levantarme de la silla de ruedas. Randy tomó su lugar en un taburete rodante detrás de mi. Ellos colocaron mi mano izquierda que colgaba, en la barra de la canasta. Con terapeutas asistentes a los cuatro lados de mi, Randy me ordenó: “¡Muy bien chico grande, este es el momento de caminar!”
 
No te puedo decir cómo se llevó a cabo esto, pero Randy agarraba mi pierna rígida coja. Yo daba un paso con mi pierna fuerte. Randy movía la pierna débil un par de pulgadas, y el proceso era repetido. Yo tenía mis cuatro miembros animándome con cada paso que yo daba. Yo me sentía tan excitado que mi mano izquierda se soltó sin notarlo de la barra del carrito. Uno de los cuatro silenciosamente reposicionó mi mano.
 
¡Yo no tengo idea que tan larga fue la “compra,” pero después de que regresé a la silla de ruedas, Randy midió la distancia y orgullosamente anunció que yo había caminado 83 pies! Yo estaba ansioso por que Charlyne llegara para que escuchara acerca de mi viaje de compras.
 
¿Qué distancia ha anotado el Señor que tu has caminado para El? Randy no esperaba que me levantara y que corriera un maratón. Tampoco Dios espera que tu comiences a correr. El sólo quiere que tu seas obediente, que salgas de esa silla de ruedas, y que seas obediente a El mientras aprendes a caminar a Su manera.
 
Yo estaba confiado ese Sábado de que Randy no me iba a dejar caer. Yo oro para que tu tengas la confianza hoy de saber que Dios no te va a dejar caer, sin importar qué tan pequeños sean tus pasos o cuántas veces tus manos hayan caído de la barra llamada obediencia.
 
Yo siento que ha llegado el momento de que muchos standers paren de estar siendo testigos, mirando el progreso espiritual de otros hombres y mujeres heridos y que comiencen  a aprender y a hacer todo lo que Dios tiene para ellos. Los matrimonios son restaurados al correr la carrera, no leyendo los reportes.
 
Por cierto, cuando el movimiento regresó a mi pierna inmóvil, yo estaba sólo. Una tormenta de la madrugada me despertó, y acostado en la cama del hospital, comencé a hacer los ejercicios que los terapeutas me habían enseñado. Yo tuve que encender la luz para confirmar que lo que yo pensé que acababa de experimentar estaba sucediendo. Efectivamente, yo pude mover la sábana de arriba con mi dedo gordo del pie ligeramente.
 
Lo más probable, es que a medida en  que tú,  stander,  avances en tu terapia, aprendiendo a caminar a la manera de Dios hacia un matrimonio restaurado, tu progreso vendrá cuando tú esté a solas con El. Por favor trata de no confundir el progreso que a menudo viene en los valles, con mesetas que a menudo están en las cimas de las montañas. Todo lo que necesitas hacer es conseguir el hábito de estar a solas con Dios, en lugares tranquilos en el que El te hablará directamente a ti, de muchas maneras.
 
Hay trabajo que  tienes que hacer en tu terapia de stander. Tu no puedes crecer en el Señor, con nosotros haciéndolo por ti. Que hoy tu te detengas de estar pendiente  de lo que le ha pasado a alguien más y comiences a ejercitarte y a aprender todo lo que Dios tiene especialmente para ti. Si tu eres fiel en hacer tus ejercicios espirituales, vas a estar caminando en amor de nuevo pronto.
 

“Yo seré su Dios durante toda su vida; hasta que tengan canas por la edad. Yo los hice y cuidaré de ustedes; yo los sostendré y los salvaré.”  Isaías 46:4

Porque El vive,

Bob Steinkamp
Regocijo Ministerio Matrimonial

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