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Martes,  22 de Marzo del 2016
Los pródigos sí regresan a casa, pero esto no es siempre un proceso fácil. Muchos pródigos se sienten culpables y avergonzados acerca de regresar a sus casas. Ellos a menudo no pueden esconder sus cabezas por la culpa y el hecho de que sus cónyuges pudieran mostrarles un amor incondicional suficiente para perdonarlos.
 
Bob luchó con estos sentimientos y el enemigo a menudo trató de causar dudas para inundar su mente muchas veces. “¿Cómo pudo Charlyne perdonarme?” “¿Cómo vamos a ir a partir de aquí? Demasiado daño ha sido hecho.”
 
En el libro de Bob,
Buscando el Camino a Casa, el habla no sobre los cónyuges pródigos, sino de los pródigos cónyuges. El explica muchos de los sentimientos que los pródigos enfrentan mientras ellos batallan con la decisión de reconciliarse. También, Bob ayuda a los pródigos a lidiar de cómo manejar a la otra persona que ellos puedan tener en su vida, como la novia de Bob, quien no quería rendirse fácilmente.
 
Hoy, nosotros estamos dándote los dos primeros capítulos del libro de Bob. Nosotros oramos para que esto pueda  ayudarte a comprender la mente de tu pródigo. – Charlyne

HAGAMOS UN TRATO
 
Mi esposa y yo nos casamos en el 1966 cuando ambos teníamos 21 años de edad. Nosotros fuimos introducidos por nuestros padres quienes trabajaban juntos. Yo estaba de camino a convertirme en director de funeral, y Charlyne trabajaba en una oficina de médicos.
 
Ambos habíamos crecido en hogares Cristianos. Ninguno de nosotros dos habíamos salido extensivamente. Charlyne era virgen cuando nos conocimos, pero yo había estado envuelto en sexo mientras estuve en la escuela.
 
Desde el los primeros días de nuestro matrimonio, yo fui verbalmente y físicamente abusivo, así como también infiel. Nosotros nos separamos muchas veces durante los primeros 19 años de matrimonio. En el 1985 nosotros nos separamos por última vez, y Charlyne actuó sobre el consejo de pastores y consejeros y se divorció de mi.
 
Yo conocí a alguien y estuve al punto de comenzar una nueva vida con ella. La palabra matrimonio estaba siendo lanzada a mi alrededor. Sin embargo, una sensación de lo que yo estaba haciendo no se sentía correcto. Era casi como si Charlyne todavía estuviera adherida a mi.
 
El Martes, 7 de Julio del 1987, yo conduje 100 millas de donde yo estaba viviendo en Ft. Pierce, Florida, a la Oficina de Charlyne y le toqué su ventana. Yo le pregunté si ella podía venir a almorzar conmigo. Ella salió por la puerta en medio segundo.
 
Yo estaba haciendo más dinero que nunca antes había hecho, tenia un trabajo impresionante con una cuenta de gastos, vivía en un buen apartamento, y tenía unas cuantas novias (en adición a la que me iba a casar). A mis 41 años, yo tenía cerca de los que todo hombre pudiera desear, excepto que había perdido a mi familia. Quizás peor, yo me sentía miserable. Yo no puedo describirlo, pero sospecho que conoces el sentimiento.
 
Unos pocos meses antes de nuestro divorcio, Dios usó a una pareja que había venido a nuestra iglesia a cantar y a compartir su historia, la cual tocó a mi esposa. Ella pudiera decir hoy, “Esto fue como si Dios dijera, ‘Yo no me he rendido en Bob, así que, ¿por qué tu lo hiciste?’”
 
Mi esposa se convirtió en stander, orándole a Dios por la restauración de nuestro matrimonio. La primera vez que yo escuché esto, me reí. ¿Mi esposa, me quería de regreso? ¿Primero ella quería que me fuera y ahora ella me quiere de vuelta? Esto me confirmaba que ella estaba tan inestable como yo había pensado.
 
Yo equivocadamente pensé que eran las oraciones de Charlyne las que estaban causando la tormenta en mi vida. Yo pensaba que esto era como brujería. Yo imaginaba como si ella hubiera tenido una muñeca que estaba clavando con alfileres para hacerme sentir la tormenta. Ahora me doy cuenta que esto era el Espíritu Santo de Dios empujándome a hacer lo que era correcto y no por algo que mi esposa me estaba haciendo.
 
 
Antes de parar en la oficina de Charlyne, yo había hecho mi tarea y descubrí que todo lo que tomaba conseguir una licencia de matrimonio en mi país era de $37.50, sin clases o tiempo de espera.
 
Una vez Charlyne estuvo en mi carro, yo le ofrecí a mi “ex” un trato. Yo iba a conseguir una licencia de matrimonio si ella sólo parara de orar por mi. “Tu puedes guardarla en tu Biblia, o donde sea,” le propuse, “¡Sólo deja de orar por mi!”
 
“Yo nunca voy a parar de orar por ti,” Charlyne contestó.
 
Por favor déjame interrumpir diciendo que estar parado por un matrimonio no es un acoso al cónyuge ausente. Charlyne nunca hizo eso, pero Dios ciertamente lo hizo. Por ejemplo, ella podía mandarme una tarjeta de cumpleaños una semana antes en avance, pero ésta podía llegar el día que la novia recogía el correo.
 
Mirando atrás, yo puedo ver records de tiempos cuando culpé a Charlyne por lo que estaba siendo hecho por Dios. Es difícil de comprender que el Dios que creó todo, estaba tan preocupado sobre mi matrimonio, y El movió las circunstancias. De la misma manera, El está tan preocupado sobre tu matrimonio que El va a trabajar para traer restauración.
 
Volviendo atrás, a ese odioso Martes, yo llevé a Charlyne a una corte y buscamos la licencia de matrimonio, “…para  el futuro.”
 
Por favor entiende, yo todavía no tenia intención  de jamás volver a casa, pero mi tormenta interna se había convertido tan audible que yo estaba intentando hacer un trato con Dios con la licencia. Pero esos tratos simplemente no trabajaron. La Biblia está llena de historias de hombres y mujeres que intentaron de hacer tratos con Dios, pero Su manera ganó en cada situación.
 
Cuando salimos de la casa de corte, Charlyne estaba radiante, pero yo me sentí enfermo. ¿Qué yo había hecho? No solo mi conflicto interno continuaba, sino que ahora yo le había dado a Charlyne falsas esperanzas por mi oferta de tener una licencia de matrimonio.
 
Dios ha  guiado mis pasos por muchos años, pero ha habido un puñado de veces en mi vida donde Dios me habló tan claro a mi, que no había error de Quien estaba hablando. Una fue aquel Martes en la tarde, sentado en el restaurante Las Olas Bulevar, sentado frente a mi esposa en la mesa.
 
Charlyne y yo éramos dos polos opuestos en aquel momento. Ella estaba radiante con una licencia de matrimonio en mano. Yo tenía el mismo viejo tormento cavando profundo dentro de mi.
 
Yo puedo decir sin reservación que Dios me habló en aquel momento: “Tu has hecho el mayor error de tu vida al conseguir un divorcio. Vuélvete a casar con tu esposa hoy.”
 
Yo le propuse y mi esposa casi se desmaya. Ella corrió a pagar una llamada de teléfono a la secretaria de la iglesia. Dos de nuestros tres hijos se sumaron a la oficina de la iglesia, y a las 2:00 pm el mismo pastor que le había dicho a Charlyne que hecha tenía “bastante” para divorciarse, nos casó de nuevo. Mi esposa salió  como divorciada de la oficina para ir a almorzar y regresó como una mujer felizmente casada.
 
La paz por la que había venido a la ciudad fue encontrada esa noche, durmiendo en mi propia cama con mi esposa acurrucada a mi lado.
 
¿Vino esa paz cuando yo me senté en el borde de nuestra cama y llamé a la otra mujer para decirle que me había vuelto a casar? ¿Vino cuando vi la felicidad en los rostros de mis tres hijos? ¿Vino cuando mi mamá me dijo, “Yo sabia que ustedes dos se volverían a casar algún día?”
 
Quizás aquella paz vino cuando la culpa de mi estilo de vida pecaminosa fue perdonado por Dios. Yo sospecho que la paz que sentí aquella noche fue la combinación  de todas estas cosas, y la bendición de Dios por mi obediencia a El.
 
¿Han sido los pasados 20 años un trabajo difícil? Si, por tiempos. Nuestro matrimonio hoy no es perfecto, pero hoy Jesús es el centro, en vez de Bob o Charlyne. Jesús maneja aquellos momentos de lucha mucho mejor que incluso ninguno de nosotros pudiéramos hacerlo jamás.
 
Hoy Charlyne y yo vivimos todavía en la misma casa de luna  de miel donde todo esto tomó lugar. Nuestros tres hijos cada uno está casado y tienen niños también. Todos vivimos unos de otros a menos de 5 millas de distancia y estamos envueltos en las vidas de todos.
 
Dios me ha bendecido en muchas maneras, así como vas a leer en las siguientes páginas. Muchas de mis bendiciones no hubiesen sido posibles en una familia fracturada por el divorcio.
 
¿Volvería yo a casa de nuevo? ¡De seguro! Yo estoy orando que 20 años  o más de ahora en adelante, tu puedas mirar atrás a tu presente situación con la misma bendecida 20/20 retrospectiva que yo ahora disfruto.
 
Es posible irse a casa, para comenzar todo de nuevo, y para tener cada obstáculo que tu ahora te estás imaginando y sean borrados por el Señor. El primer paso es tu obediencia en regresar a tu casa.
 

Clic aquí para leer el capítulo 2 de Buscando el Camino a Casa.
Porque El vive,

Bob Steinkamp
Regocijo Ministerio Matrimonial
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