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Martes, 17 de Enero del 2017
El mensaje de hoy es de Bob, que era un pródigo que regresó a casa y se volvió a casar a mí por otros 23 años antes de que el Señor se lo llevó al cielo. Bob escribió 19 libros desde la perspectiva del pródigo durante más de dos décadas después de nuestro divorcio y segundas nupcias. – Charlyne

TENGO VERGUENZA DE REGRESAR A CASA
 
“…Oh Dios mío, estoy totalmente avergonzado; me da vergüenza elevar mi rostro a ti. Pues nuestros pecados se han amontonado tanto que son más altos que nosotros, y nuestra culpa llega a los cielos.”  Esdras 9:6
 
El miércoles en la mañana yo tuve desayuno con un amigo de fuera del estado, quien está orando y confiando en Dios por la restauración de su matrimonio. Nosotros tratamos de juntarnos cada ciertos pocos meses cuando su trabajo lo trae a Florida del Sur. El Miércoles, cuando el estaba poniéndome al día sobre su familia, el me comentó sobre la culpa y la vergüenza que su esposa ausente citaba, por lo cual ella nunca podría regresar a su casa.
 
Charlyne y yo hemos tenido a otros standers, incluso esta semana, contándonos sobre la culpa y vergüenza de sus cónyuges. Muchas de estas parejas pródigos han obviamente entretenido sus pensamientos de regresar a casa tan fuertemente que el enemigo les ha lanzado un bloque en sus caminos de culpa y vergüenza.
 
En un sentido, esto es algo como el policía de “claves tiras” usa para detener un vehículo que huye. Una tira estrecha y plana se lanza en la carretera delante del vehículo que no se detiene. Cuando los coches de los delincuentes confiados caen sobre las tiras, las espículas se rompen en sus neumáticos y caen al piso.
 
Muchos pródigos han estado de camino de regreso a casa, cuando Satanás se da cuenta que debe detenerlos y sacudir las “Tiras de Satanás” de culpa y vergüenza en su camino, con eficacia, terminando el viaje de regreso a casa. Mi objetivo hoy es enseñar a alguien la conducción espiritual defensiva, de modo que su amado pueda virar bruscamente directamente alrededor del despojo de Satanás de culpa y vergüenza, y siga hacia su casa libremente.
 
¿Sentía yo culpa y vergüenza aquella tarde de Julio del 1987, cuando de repente me volví a casar con mi esposa? Ciertamente sí. Miremos a los hechos. Yo había abandonado a mi esposa y a mis tres niños y había tomado a otra mujer, incluso antes de nosotros estar divorciados. Yo no hice esfuerzos en mantener en secreto mi estilo de vida pecaminosa. Mi familia estaba devastada financieramente, nuestros niños estaban sufriendo, y mis padres estaban avergonzados. Nuestros amigos casados estaban manteniéndose distanciados de mi, y lo más importante de todo, yo había decepcionado a mi Señor Dios, quien me había llamado a un ministerio 13 años antes. Sí, yo tenía culpa y vergüenza, en tope de culpa y vergüenza.
 
Yo le dije a Charlyne que a pesar de que nos estábamos volviendo a casar, yo “jamás iba a cerrar las puertas,” de la iglesia de nuestra familia, una cita que el Señor no me permitió olvidar. Por favor permíteme explicarte lo que sucedió de este camino. ¿Puedes imaginarte una balanza de peso vieja, del estilo que a menudo es usado para ilustrar el sistema judicial? Del lado izquierdo de aquellas escalas estaba mi culpa y vergüenza. No había nada para balancear aquellos sentimientos, porque yo era culpable y estaba avergonzado, a mi vista, al igual que a la vista de los demás.
 
Mi hacer de lo que estaba correcto pue un proceso de tres pasos. Yo puedo prometerte que, si cualquier pródigo cónyuge puede seguir estos tres pasos, su culpa y vergüenza va a ser removida por nuestro Señor Dios.
  • Yo tenía que reasumir mi rol de esposo y de padre.
  • Yo tenía que pedir a Dios que me perdonara por lo que había hecho. Yo tenía que reconocer mi pecado como pecado.
  • Yo tuve que romper con la otra mujer, de una vez y por todas.
Cuando yo hube hecho estas tres cosas, la misericordia de Dios y Su gracia, de manera gratis dada a todos, cayó como al quitar peso en los lados opuestos a aquellas balanzas de escalas, y mi culpa y vergüenza salieron volando. Dos semanas después de volvernos a casar, no solo yo “cerré las puertas” de la misma iglesia, yo también me paré delante de todos y agradecí a nuestros amigos de la iglesia, por orar por nuestra familia y por no rendirse en mi. Yo también pedí a aquellas personas que me perdonaran.
 

¡Protégeme! ¡Rescata mi vida de sus manos!  No permitas que me avergüencen, pues yo en ti me refugio.  Salmo 25:20
 
¿Qué si hay alguien quien rechaza aceptar a un pródigo como perdonado? Un verso en el Salmo 40 me da la respuesta:
 

Que su vergüenza los horrorice, porque dijeron: “¡Ajá! ¡Ahora sí lo atrapamos!” Pero que todos los que te buscan se alegren y se gocen en ti; que los que aman tu salvación griten una y otra vez: “¡El Señor es grande!”  Salmos 40:15-16
 
Recuerda, la Biblia dice que todos hemos pecado. Los pecados de los cónyuges pródigos son usualmente abiertos y todos pueden presenciar. Si hay una persona que continúa señalando los pecados pasados de un pródigo cónyuge, que ha llevado sinceramente a cabo los tres pasos anteriores, tal vez esa persona necesita lidiar con sus propios pecados secretos.
 
Cualquier verdadero hijo de Dios, nacido de nuevo, va a estar regocijándose cuando un pródigo, en verdadera honestidad y humildad, se arrepiente y pone las cosas correctas con Dios y con su pareja. Si esto te está sucediendo a ti, o a alguien que amas, escucha lo que Dios dice sobre el arrepentimiento y el perdón, no lo que otra persona está diciendo.
 
Nuestro matrimonio es exitoso porque, principalmente, yo tengo una esposa que ora, y quien no iba a rendirse en mi. Segundo, porque yo evadí las tiras de culpa y vergüenza en el camino de regreso a casa. Esto ha sido un proceso, pero con Jesucristo en el centro.
 
Más temprano yo te había prometido una lección de conducir de defensa espiritual, y aquí está: Gira a la derecha, has un desvío de las tiras de culpa y vergüenza de Satanás y mantente dirigiéndote a tu casa, siguiendo las indicaciones dadas en la Biblia. Conduce de forma segura, dependiendo del Señor, y llegarás a casa (y eventualmente al cielo) de forma segura.
 

Por eso estoy sufriendo aquí, en prisión; pero no me avergüenzo de ello, porque yo sé en quién he puesto mi confianza y estoy seguro de que él es capaz de guardar lo que le he confiado hasta el día de su regreso.  2 Timoteo 1:12
Porque El vive,

Bob Steinkamp
Regocijo Ministerio Matrimonial
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